2º ESO

LOS PEREGRINOS DEL CAMINO DE SANTIAGO

   Jerusalén y Roma eran los dos lugares de peregrinación cristiana medieval, a los que se sumó Santiago tras el descubrimiento de la tumba del apóstol.

   Según la tradición, Herodes Agripa mandó cortar la cabeza a Santiago, amigo de Jesucristo. Sus discípulos trajeron sus restos a Iria Flavia, depositándolos en lo que más tarde sería Santiago de Compostela (“campo de la estrella”). Las guerras y la invasión de los bárbaros obligaron a los cristianos a ocultar sus reliquias, de las que no se volvió a saber hasta el S. IX. Tras el descubrimiento del sepulcro, la noticia se extendió por toda Europa, y a partir de ese momento se iniciaron las peregrinaciones a Santiago, que convirtieron el norte de la península en lugar de paso de miles de peregrinos venidos de los más apartados rincones.

   Los peregrinos siguieron diversos caminos: la ruta de la costa cantábrica, entrando por Irún, que es quizás la más antigua; la Vía de la Plata, que recorrían los cristianos que vivían en al-Andalus; la ruta de los que desembarcaban en Tarragona y Barcelona y enlazaban con el camino francés; y la ruta marítima que se iniciaba en Inglaterra, Irlanda y países nórdicos.

   Pero la ruta más concurrida era el camino francés, llamado por antonomasia Camino de Santiago, en la que se distinguen tres tramos: el camino navarro, el camino castellano-leonés y el camino gallego.

   El peregrino vestía de la siguiente manera: sombrero de ala ancha para protegerse del sol y de la lluvia; la esclavina, amplio abrigo para protegerse de la nieve y el frío, y calzado fuerte, ya que la jornada era larga y duro el caminar. Entre los utensilios que portaba destacaba el bordón, bastón que le servía de apoyo en los pasos difíciles y de protección contra perros y fieras; la calabaza, que contenía agua o vino para la ruta y que se colgaba del bordón o de la cintura; el zurrón que servía de despensa alimenticia o refugio bancario de ducados y maravedís; y la concha vieira, que significaba las buenas obras, era el símbolo de la peregrinación jacobea.

   Toda una red de asistencia al peregrino cubría el camino hacia Compostela: asistencia religiosa prestada en las iglesias, ermitas, monasterios y catedrales. Jurídica, pues pronto se crearon leyes que protegían a los que recorrían el camino de posaderos ladrones y señores feudales. Hospitalaria, organizada en hospederías y hospitales donde a veces los afeitaban, les cotaban el pelo, les daban agua caliente para escaldar la ropa o asearse, se encendía fuego en invierno o se los atendían cuando caían enfermos. Y asistencia técnica, pues se construyeron puentes, se vigilaban los pasos montañosos, e incluso se abrían caminos bajo la nieve cuando esta alcanzaba mucha altura.

Eusebio GOICOECHEA. “El Camino de Santiago”. Everest (Adaptación).

 

mapa_camino      peregrino

 

   
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