Literatura griega

Herodoto

LA DESCRIPCIÓN DEL MUNDO

[...] La tierra era un disco rodeado por el océano, cubierto por la bóveda celeste y al que el mundo subterráneo servía de soporte. El ombligo de la tierra era Babilonia, o Memfis, o Atenas, según el observador fuera un babilonio, un egipcio o un griego. Los habitantes de la tierra se dividían en hombres, bárbaros y monstruos. Hombres eran los griegos (o los egipcios, o los babilonios), en cambio eran bárbaros los demás pueblos y, finalmente, monstruos, medio bestias, los exóticos salvajes. Todo parecía estar en perfecto orden sobre el disco terrestre y todo tenía un sitio fijo alrededor de su ombligo.[...]

 

 

 

mapaherodoto

 

Anaximandro de Mileto (610-547 a. C) elaboró, seguramente, uno de los primeros mapas del mundo conocido por los griegos,Hecateo de Mileto (entre los siglos VI y V a.C) mejoró el mapa de Anaximandro y escribió sobre las costas y pueblos que bordeaban el Mediterráneo. Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. C.) realizó varios viajes que le acercaron a los confines del mundo conocido por los griegos. En su Historia describe con gran detalle territorios como Egipto,Persia o Asia menor.

¿Cómo se imaginaba la tierra en la antigua Grecia?

LA CREDULIDAD DEL VULGO

En el demo de Peania había una mujer llamada Fía, de cuatro codos menos tres dedos de estatura, y hermosa además. Revistieron a esta mujer de una armadura completa, la hicieron subir para aparecer más majestuosa, y la llevaron a la ciudad. Habían despachado antes heraldos que al llegar a la ciudad pregonaban lo que se les había encargado, y decían: “Oh atenienses!, recibid de buena voluntad a Pisístrato, a quien la misma Atenea restituye a su propia Acrópolis, honrándole más que a ningún hombre.” Esto iban gritando por todas partes; muy en breve se extendió por los demos la fama de que Atenea restituía a Pisístrato; y los de la ciudad, convencidos de que aquella mujer era la diosa misma, le dirigían sus votos y recibieron y aceptaron a Pisístrato.” (p. 34, LI, 60)

¿Cómo se engañó al pueblo? ¿Con qué intención?



EL ECLIPSE PREDICHO POR TALES

[...] Se originó entre lidios1 y medos2 una guerra que duró cinco años, en los cuales muchas veces los medos vencieron a los lidios, y muchas veces los lidios a los medos y hasta hubo una batalla nocturna. Pues a los seis años de la guerra, que proseguían con igual fortuna, se produjo un encuentro, y en medio de la batalla misma, de repente, el día se les volvió noche. Tales de Mileto había predicho a los jonios que habría tal mutación del día, fijando su término en aquel mismo año en que el cambio sucedió. Entonces, lidios y medos, viendo el día convertido en noche, no sólo dejaron la batalla, sino que tanto los unos como los otros se apresuraron a hacer la paz. (p. 43, L1, 74)

¿Porqué se firma la paz entre los dos pueblos? ¿Qué concepción podia tener el pueblo llano de un eclipse?

 

Herodoto fue un incansable viajero, conoció Egipto, Cirenaica, Escitia, Fenicia...A través de sus ojos, la humanidad clásica descubrió por vez primera a los pueblos exóticos

 

 

 

JURAMENTO DE LIDIOS Y MEDOS

[...] Estos pueblos hacen sus juras como los griegos, pero además se hacen en los brazos una

ligera incisión y se lamen la sangre unos a otros. (p. 43, LI, 74)

 

COSTUMBRES DE LOS PERSAS

Sé que los persas observan los siguientes usos: no acostumbran erigir estatuas, ni templos, ni altares y tienen por insensatos a los que lo hacen; porque, a mi juicio, no piensan como los griegos que los dioses tengan figura humana. Acostumbran hacer sacrificios a Zeus, llamando así a todo el ámbito del cielo; subidos a los montes más altos sacrifican también al sol, a la luna, a la tierra, al agua y a los vientos,éstos son los únicos dioses a los que sacrifican desde un comienzo; pero después han aprendido de los asirios y de los árabes a sacrificar a Afrodita Urania; a Afrodita los asirios la llaman Milita, los árabes Alilat y los persas Mitra

Sacrifican los persas a los dioses indicados del modo siguiente; no levantan altares ni encienden fuego cuando se disponen a sacrificar, ni emplean libaciones, ni flautas, ni coronas, ni granos de cebada. Cuando alguien quiere sacrificar a cualquiera de estos dioses, conduce la res a un lugar puro, y llevando la tiara ceñida las más veces con mirto, invoca al dios; no le está permitido al que sacrifica implorar bienes en particular para sí mismo; se ruega por la dicha de todos los persas y del rey, porque en el número de los persas está comprendidoél mismo. Después de cortar la carne, hace un lecho de la hierba más suave, y especialmente de trébol, y pone sobre él todas las carnes. Una vez que las ha colocado, un mago entona allí una teogonía tal, según dicen, es el canto pues su usanza es no hacer sacrificios si no hay un mago. Después de unos instantes, se lleva el sacrificante la carne, y hace de ella lo que le agrada.

Acostumbran a celebrar de preferencia a todos el día del nacimiento. En ese día creen justo servir una comida más abundante que en los otros; los ricos sirven un buey, un caballo, un camello y un asno enteros asados en el horno, y los pobres sirven reses menores. Usan pocos platos fuertes, pero sí muchos postres, y no juntos. Por eso dicen los persas que los griegos, cuando están comiendo se levantan con hambre, puesto que, después de la comida nada se sirve que merezca la pena, pero si se sirviera no dejarían de comer. Son muy aficionados al vino. No está permitido vomitar ni orinar delante de otro.Ésas, pues, son las normas que observan. Acostumbran deliberar sobre los negocios más grandes cuando están borrachos. Lo que entonces les parece bien lo proponen al día siguiente, cuando están sobrios, al amo de la casa en que están deliberando, y si lo acordado también les parece bien cuando sobrios, lo ponen en ejecución; y si no, lo desechan. Y lo que hubieran resuelto estando sobrios, lo deciden de nuevo hallándose borrachos

Cuando se encuentran dos por los caminos, puede conocerse si son de una misma clase los que se encuentran por esto: en lugar de saludarse de palabra, se besan en la boca; si el uno de ellos fuese de condición algo inferior, se besan en la mejilla; pero si el uno fuese mucho menos noble, se postra y referencia al otro....

De todos los hombres los persas son los que más adoptaron las costumbres extranjeras. En efecto, llevan el traje medo, teniéndolo por más hermoso que el suyo, y para la guerra el peto egipcio; se entregan a toda clase de deleites que llegan a su noticia; y así de los griegos aprendieron a tener amores con muchachos. Cada cual toma muchas esposas legítimas y mantiene muchas más concubinas.

El mérito de un persa, después del valor militar, consiste en tener muchos hijos; y todos los años el rey envía regalos al que presenta más, porque consideran que la continuidad hace fuerza. Enseñan a sus hijos, desde los cinco hasta los veinte años, sólo tres cosas: montar a caballo, tirar al arco y decir la verdad. El niño no se presenta a la vista de su padre entes de tener cinco años, vive entre las mujeres de la casa; y esto se hace con la mira de que, si el niño muriese durante su crianza, ningún disgusto cause a su padre

Alabo, en verdad, esa costumbre, y alabo también, en verdad, esta otra: por una sola falta, ni el mismo rey impone la pena de muerte, ni otro alguno de los persas castiga a sus familiares con pena irreparable por una sola falta, sino que, si después de calcular halla que los delitos son más y mayores que los servicios, cede a su cólera. Dicen que nadie hasta ahora ha dado muerte a su padre ni a su madre, y que cuantas veces sucedió tal cosa si se la hubiese investigado resultaría de toda necesidad que los hijos eran supuestos o adulterinos; porque, afirman, no es verosímil que los verdaderos padres mueran a manos de su propio hijo.

Lo que entre ellos no es lícito hacer, tampoco es lícito decirlo. Tienen por la mayor infamia el mentir; y en segundo término, contraer deudas, por muchas razones, y principalmente porque dicen que necesariamente ha de ser mentiroso el que esté adeudado. El ciudadano que tuviese lepra o albarazos, no se acerca a la ciudad ni tiene comunicación con los otros persas, y dicen que tiene ese mal por haber pecado contra el sol. A todo extranjero que lo padece le echan del país, y también a las palomas blancas, alegando el mismo motivo. En los ríos ni orinan ni escupen, ni se lavan las manos en ellos, ni permiten que nadie lo haga, antes los veneran en extremo. (p. 68­72, LI, 131­188)

 

Según Heródoto (I, 131), la costumbre de los persas «es subir sobre las montañas más altas para ofrecerle sacrificios a Zeus, y dan su nombre a toda la extensión del cielo». Herodoto relaliza una descripción de la sociedad , que posee algunos elementos reconocibles del zoroastrismo, incluida la exposición de los muertos.¿Qué rasgos podríamos destacar de esta sociedad?

Zoroastro o Zaratustra, fundador del mazdeísmo , organizó el culto al dios único Mazda,señor de la sabiduría, simbolizado por el fuego eterno que custodiaba el colegio sacerdotal de los magos.Fue la primera religión moderna monoteísta, el libro sagrado es el "Avesta", Esta religión todavía existe en Irán y es una de las religiones oficialmente permitidas, aunque la religión mayoritaria es el islam. También hay seguidores de Zaratustra en India y otros países, la base de esta religión es: "pensar bien, hablar bien, hacer bien".

 

DIFERENCIAS ENTRE LOS EGIPCIOS Y EL RESTO DE HOMBRES

Los egipcios, con su clima particular y con su río, que ofrece naturaleza distinta de la de los demás ríos, han establecido en casi todas las cosas, leyes y costumbres contrarias a las de los demás hombres. Allí son las mujeres las que compran y trafican, y los hombres se quedan en casa, y tejen. Tejen los demás empujando la trama hacia arriba, y los egipcios hacia abajo. Los hombres llevan la carga sobre la cabeza, y las mujeres sobre los hombros. Las mujeres orinan de pie, y los hombres

sentados. Hacen sus necesidades en casa, y comen fuera, por las calles, dando por razón que lo indecoroso, aunque necesario, debe hacerse a escondidas, y lo no indecoroso, a las claras. Ninguna mujer se consagra allí por sacerdotisa a dios o a diosa alguna: los hombres son allí sacerdotes de todos los dioses y de todas las diosas. Los varones no tienen ninguna obligación de alimentar a sus padres contra su voluntad; pero las hijas tienen entera obligación de alimentarlos, aun contra su voluntad.

En los otros países los sacerdotes de los dioses se dejan crecer el cabello; en Egipto se rapan. Entre los demás pueblos es costumbre, en caso de duelo, cortarse el cabello los más allegados al difunto; los egipcios, cuando hay una muerte se dejan crecer el cabello en cabeza y barba, mientras hasta entonces se rapaban. Los demás hombres viven separados de los animales, los egipcios viven junto con ellos. Los demás se alimentan de trigo y cebada; pero para un egipcio alimentarse de estos granos es la mayor afrenta; ellos se alimentan deolyra, que algunos llaman también espelta. Amasan la pasta con los pies, el lodo con las manos y recogen el estiércol. Los demás hombres (excepto los que lo han aprendido de los egipcios) dejan su miembro viril tal como nació, pero ellos se circuncidan. Los hombres usan cada uno dos vestidos y las mujeres uno solo. Los demás fijan por fuera los anillos y cuerdas de las velas, los egipcios por dentro. Los griegos trazan las letras y calculan con piedrecillas llevando la mano de izquierda a derecha; los egipcios de derecha a izquierda, y por hacer así dicen que ellos lo hacen al derecho y los griegos al revés. Usan dos géneros de letras, las unas llamadas sagradas, las otras populares. (P. 99­100, LII, 36)

Señala las principales diferencias en el papel de las mujeres en la sociedad egipcia con respecto a la griega

DUELOS Y FUNERALES DE LOS EGIPCIOS

Los duelos y funerales son así: cuando en una casa muere un hombre de cierta importancia, todas las mujeres de la casa se emplastan de lodo la cabeza y el rostro. Luego dejan en casa al difunto, y ellas recorren la ciudad, golpeándose, ceñida la ropa a la cintura y mostrando los pechos, en compañía de todos sus parientes. En otra parte plañen los hombres, también ceñida la ropa a la cintura. Concluido esto, llevan el cadáver para embalsamarlo.

Hay gentes establecidas para tal trabajo y que tienen tal oficio.Éstos, cuando se les trae un cadáver, presentan a los que lo han traído unos modelos de madera, pintados, imitando un cadáver. La más primorosa de estas figuras, dicen, es la de aquél cuyo nombre no juzgo pío proferir a este propósito. La segunda que enseñan es inferior y más barata, y la tercera es la más barata. Después de explicadas, preguntan de qué modo desean se les prepare el muerto; cuando han cerrado el trato, se retiran; los artesanos se quedan en sus talleres y ejecutan en esta forma el embalsamamiento más primoroso. Ante todo meten por las narices un hierro corvo y sacan el cerebro, parte sacándolo de ese modo, parte por drogas que introducen. Después hacen un tajo con piedra afilada de Etiopía a lo largo de la ijada, sacan todos los intestinos, los limpian, lavan con vino de palma y después con aromas molidos. Luego llenan el vientre de mirra pura molida, canela, y otros aromas, salvo incienso, y cosen de nuevo la abertura. Después de estos preparativos embalsaman el cadáver cubriéndolo de nitro durante setenta días, y no está permitido adobarle más días. Cuando han pasado los setenta, lavan el cadáver y fajan todo su cuerpo con vendas cortadas en tela fina de hilo y le untan con aquella goma de que se sirven por lo común los egipcios en vez de cola. Entonces lo reciben los parientes, mandan hacer un ataúd de madera, lo guardan y lo depositan en una cámara funeraria colocándolo en pie, contra la pared.

Este es el modo más suntuoso de preparar los cadáveres. Para los que quieren la forma media y huyen de la suntuosidad, los preparan así: llenan unos clísteres de aceite de cedro y con ellos llenan los intestinos del cadáver, sin extraerlos ni cortar el vientre, introduciendo el clíster por el ano e impidiendo que vuelva a salir, y lo embalsaman durante los días fijados. E lúltimo sacan del vientre el aceite que habían introducido antes; el cual tiene tanta fuerza, que arrastra consigo intestinos y entrañas ya disueltos. La carne la disuelve el nitro, y sólo resta del cadáver la piel y los huesos. Una vez hecho esto, entregan el cadáver sin cuidarse de más.

El tercer modo de embalsamar con que preparan a los menos pudientes eséstos: lavan con purgante los intestinos, embalsaman el cadáver durante los setenta días, y lo entregan después para que se lo lleven.

En cuanto a las mujeres de los nobles, no las entregan para embalsamar inmediatamente que mueren, y lo mismo las mujeres muy hermosas o principales, sino las entregan a los embalsamadores tres o cuatro días después. Hacen esto para que los embalsamadores no se unan a las mujeres. Cuentan, en efecto, que se sorprendió auno mientras se unía a una mujer recién muerta, y que un compañero de oficio le había delatado. (p. 120­121, LII, 85­89)



La práctica se originó debido a la creencia en la inmortalidad del espíritu humano, dando lugar al desarrollo del embalsamamiento y la momificación, para poder preservar la identidad del individuo en la vida futura, de acuerdo con sus costumbres.

En el antiguo Egipto enterraban, inicialmente, a sus muertos en la caliente arena del desierto, en recipientes con hierbas, lo que provocaba que los restos se desecaran rápidamente, previniéndolos así de la descomposición; posteriormente eran sepultados. Más tarde, comenzaron a construir mastabas de adobe, e idear el complejo proceso de la momificación y los rituales asociados con el entierro que dieron origen a los ritos funerarios.Casi todas las vísceras eran retiradas, excepto los riñones y el corazón, y la cavidad corporal se trataba con natrón3; después, el cuerpo se recubría completamente con natrón pulverizado.

Después de extraerlo del natrón, el cuerpo era recubierto, tanto por dentro como por fuera, con resina para preservarlo, se envolvía con vendajes de lino, engarzando escarabeos, amuletos y otros talismanes religiosos. Los intestinos, pulmones, hígado y estómago eran preservados por separado y almacenados en los vasos canopos

La influencia egipcia es manifiesta ya en época minoica, especialmente en el arte, en la escritura y en el comercio, sin embargo, los griegos nunca practicaron estas artes ¿Porqué?

Giges, prueba a verla desnuda

Resulta que el tal Candaules estaba enamorado de su mujer y, como enamorado, creía firmemente tener la mujer más bella del mundo; de modo que, convencido de ello y como, entre sus oficiales, Giges, hijo de Dascilo, era su máximo favorito, Candaules confiaba al tal Giges sus más importantes asuntos y, particularmente, le ponderaba la hermosura de su mujer.  Y, al cabo de no mucho tiempo -pues el destino quería que la desgracia alcanzara a Candaules-, le dijo a Giges lo siguiente: «Giges, como creo que, pese a mis palabras, no estás convencido de la belleza de mi mujer (porque en realidad los hombres desconfían más de sus oídos que de sus ojos) prueba a verla desnuda.» Giges, entonces, exclamó diciendo: «Señor, ¿qué insana proposición me haces al sugerirme que vea desnuda a mi señora? Cuando una mujer se despoja de su túnica, con ella se despoja también de su pudor.  Hace tiempo que los hombres conformaron las reglas del decoro, reglas que debemos observar; una de ellas estriba en que cada cual se atenga a lo suyo.  Además, yo estoy convencido de que ella es la mujer más bella del mundo y te ruego que no me pidas desafueros».

Con estas palabras Giges trataba, claro es, de negarse, por temor a que el asunto le ocasionara algún perjuicio, pero Candaules le contestó en estos términos: «Tranquilízate, Giges, y no tengas miedo de mí, pensando que te hago esta proposición para probarte, ni de mi mujer, por temor a que ella pueda ocasionarte algún daño; pues yo lo dispondré todo de manera que ella ni siquiera se entere de que tú la has visto.  Te apostaré tras la puerta de la alcoba en que dormimos, que estará entreabierta; y en cuanto yo haya entrado, llegará también mi mujer para acostarse. junto a la entrada hay un asiento; en él colocará sus ropas conforme se las vaya quitando y podrás contemplarla con entera libertad.  Finalmente, cuando desde el asiento se dirija a la cama y quedes a su espalda, procura entonces cruzar la puerta sin que te vea.»

En vista de que no podía soslayarlo, Giges accedió a ello.  Cuando Candaules consideró que era hora de acostarse, llevó a Giges al dormitorio y, acto seguido, acudió también su mujer; una vez estuvo dentro, y mientras iba dejando sus ropas, Giges pudo contemplarla.  Y cuando, al dirigirse la mujer hacia el lecho, quedó a su espalda, salió a hurtadillas de la estancia.  La mujer le vio salir, pero, aunque comprendió lo que su marido había hecho, no se puso a gritar por la vergüenza sufrida ni denotó haberse dado cuenta, con el propósito de vengarse de Candaules, ya que, entre los lidios -como entre casi todos los bárbaros en general-, ser contemplado desnudo supone una gran vejación hasta para un hombre.

Por el momento, pues, sin ninguna exteriorización, se mostró así de tranquila.  Pero en cuanto se hizo de día, alertó a los servidores que sabía le eran más leales e hizo llamar a Giges.  Este, que no pensaba que ella estuviera al tanto de lo sucedido, acudió a su llamada, pues ya antes solía, cuando la reina lo hacía llamar, presentarse a ella.  Y cuando Giges llegó, la mujer le dijo lo siguiente: «Giges, de entre los dos caminos que ahora se te ofrecen, te doy a escoger el que prefieras seguir: o bien matas a Candaules y te haces conmigo y con el reino de los lidios, o bien eres tú quien debe morir sin más demora para evitar que, en lo sucesivo, por seguir todas las órdenes de Candaules, veas lo que no debes.  Sí, debe morir quien ha tramado ese plan, o tú, que me has visto desnuda y has obrado contra las leyes del decoro.» Por un instante, Giges quedó perplejo ante sus palabras., pero, después, comenzó a suplicarle que no le sumiera en la necesidad de tener que hacer semejante elección.  Sin embargo, como no logró convencerla, sino que se vio realmente enfrentado a la necesidad de matar a su señor, o de perecer él a manos de otros, optó por conservar la vida.  Así que le formuló la siguiente pregunta: «Ya que me obligas -dijo- a matar a mi señor contra mi voluntad, de acuerdo, te escucho; dime cómo atentaremos contra él.» Ella, entonces, le dijo en respuesta: «La acción tendrá efecto en el mismo lugar en que me exhibió desnuda y el atentado se llevará a cabo cuando duerma.»

Después de haber tramado la conspiración, al llegar la noche, Giges (dado que no tenía libertad de movimientos, ni quedaba otra salida, sino que él o Candaules debía morir) siguió a la mujer al dormitorio.  Ella, después de entregarle un puñal, lo ocultó detrás mismo de la puerta.  Y, al cabo, mientras Candaules descansaba, Gíges salió con sigilo, le dio muerte y se hizo con la mujer y con el reino de los lidios.  Precisamente Arquiloco de Paros, que vivió por esa misma época, mencionó a Giges en un trímetro yámbico.

El relato pone de manifiesto las dotes narrativas del historiador, pero no es un simple hecho aislado, sino que adquiere su pleno significado con la historia de Creso, ubicada en el LibroI,personificación de los excesos, especialmente en el orden de lo material,quien de forma repetida actúa como un hombre insensato, como ejemplo de este tipo de acciones podemos recordar sus consultas a los oráculos cuyas respuestas interpreta de manera precipitada

Según el historiador esto fue lo que pasó: Candaules quien poseía una esposa muy bella invita a Giges a verla desnuda, éste después de dudar unos momentos accede pero cuando la mujer lo descubre le da dos posibilidades o bien mata a su marido o él mismo será asesinado. Giges, sin escapatoria, da muerte a Candaules y se queda tanto con la mujer como con el poder, recordemos que esta historia aparece reflejada en el episodio del curioso impertinente en Don Quijote de la Mancha.

Lidios y heráclidas acuerdan en consultar al oráculo para saber a quien le corresponde ostentar el poder y la Pitia contesta que, si bien Giges podrá conservarlo, el castigo por sus actos recaerá en el quinto descendiente: Creso.

Tras la respuesta que Solón le da a Creso sobre los hombres que él consideraba felices, Creso responde indignado

XXXII. A estos daba Salón el segundo lugar entre los felices; oyendo lo cual Creso, exclamó conmovido: -«¿Conque apreciáis en tan poco, amigo Ateniense, la prosperidad que disfruto, que ni siquiera me contáis por feliz al Iado de esos hombres vulgares? -¿Ya mí, replicó Salón, me hacéis esa pregunta, a mí, que sé muy bien cuán envidiosa es la fortuna, y cuán amiga es de trastornar los hombres? Al cabo de largo tiempo puede suceder fácilmente que uno vea lo que no quisiera, y sufra lo que no temía.
»Supongamos setenta años el término de la vida humana......Pues en todos estos días , no se hallará uno solo que por la identidad de sucesos sea enteramente parecido a otro. La vida del hombre ¡oh Creso! es una serie de calamidades. En el día sois un monarca poderoso y rico, a quien obedecen muchos pueblos; pero no me atrevo a daros aún ese nombre que ambicionáis, hasta que no sepa cómo habéis terminado el curso de vuestra vida. Un hombre por ser muy rico no es más feliz que otro que sólo cuenta con la subsistencia diaria, si la fortuna no le concede disfrutar hasta el fin de su primera dicha. ¿Y cuántos infelices vemos entre los hombres opulentos, al paso que muchos con un moderado patrimonio gozan de la felicidad?
»El que siendo muy rico es infeliz, en dos cosas aventaja solamente al que es feliz, pero no rico. Puede, en primer lugar, satisfacer todos sus antojos; y en segundo, tiene recursos para hacer frente a los contratiempos. Pero el otro le aventaja en muchas cosas; pues además de que su fortuna le preserva de aquellos males, disfruta de buena salud, no sabe qué son trabajos, tiene hijos honrados en quienes se goza, y se halla dotado de una hermosa presencia. Si a esto se añade que termine bien su carrera, ved aquí el hombre feliz que buscáis; pero antes que uno llegue al fin, conviene suspender el juicio y no llamarle feliz. Désele, entretanto, si se quiere, el nombre de afortunado.
»Pero es imposible que ningún mortal reúna todos estos bienes; porque así como ningún país produce cuanto necesita, abundando de unas cosas y careciendo de otras, y teniéndose por mejor aquel que da más de su cosecha, del mismo modo no hay hombre alguno que de todo lo bueno se halla provisto; y cualquiera que constantemente hubiese reunido mayor parte de aquellos bienes, si después lograre una muerte plácida y agradable, éste, señor, es para mí quien merece con justicia el nombre de dichoso. En suma, es menester contar siempre con el fin; pues hemos visto frecuentemente desmoronarse la fortuna da los hombres a quienes Dios había ensalzado más.»
XXXIII. Este discurso, sin mezcla de adulación ni de cortesanos miramientos, desagradó a Creso, el cual despidió a Solon, teniéndolo por un ignorante que, sin hacer caso de los bienes presentes, fijaba la felicidad en el término de las cosas.
XXXIV. Después de la partida de Salón, la venganza del cielo se dejó sentir sobre Creso, en castigo, a lo que parece, de su orgullo por haberse creído el más dichoso de los mortales. Durmiendo una noche le asaltó un sueño en que se lo presentaron las desgracias que amenazaban a su hijo. De dos que tenía, el uno era sordo y lisiado; y el otro, llamado Atys, el más sobresaliente de los jóvenes de su edad. Este perecería traspasado con una punta de hierro si el sueño se verificaba. Cuando Creso despertó se puso lleno de horror a meditar sobre él, y desde luego hizo casar a su hijo y no volvió a encargarle el mando de sus tropas, a pesar de que antes era el que solía conducir los Lydios al combate; ordenando además que los dardos, lanzas y cuantas armas sirven para la guerra, se retirasen de las habitaciones destinadas a los hombres, y se llevasen a los cuartos de las mujeres, no fuese que permaneciendo allí colgadas pudiese alguna caer sobre su hijo.
XXXV. Mientras Creso disponía las bodas, llegó a Sardes un Frigio de sangre real, que había tenido la desgracia de ensangrentar sus manos con un homicidio involuntario. Puesto en la presencia del Rey, le pidió se dignase purificarle de aquella mancha, lo que ejecutó Creso según los ritos del país, que en esta clase de expansiones son muy parecidos a los de la Grecia. Concluida la ceremonia, y deseoso de sabor quién era y de donde venía, le habló así: -«¿Quién eres, desgraciado? ¿de qué parte de Frigia vienes? ¿y a qué hombre o mujer has quitado la vida? -Soy, respondió al extranjero, hijo de Midas, y nieto de Gordió: me llamo Adrasto; maté sin querer a un hermano mío, y arrojado de la casi paterna, falto de todo auxilio, vengo a refugiarme a la vuestra. -Bien venido seas, le dijo Creso, pues eres de una familia amiga, y aquí nada te faltará. Sufre la calamidad con buen ánimo, y te será más llevadera.» Adrasto se quedó hospedado en el palacio de Creso.
XXXVI. Por el mismo tiempo un jabalí enorme del monte Olimpo devastaba los campos de los Mysios; Por último, enviaron sus diputados a Creso, rogándolo que los diese al príncipe su hijo con algunos mozos escogidos y perros de caza para matar aquella fiera. Creso, renovando la memoria del sueño, les respondió: -«Con mi hijo no contéis, porque es novio y no quiero distraede de los cuidados que ahora lo ocupan; os daré, sí, todos mis cazadores con sus perros, encargándoles hagan con vosotros los mayores esfuerzos para ahuyentar de vuestro país el formidable jabalí.»
XXXVII. Poco satisfechos quedaran los Mysios con esta respuesta, cuándo llegó el hijo de Creso, e informado de todo, habló a su padre en estos términos: -«En otro tiempo, padre mío, la guerra y la caza me presentaban honrosas y brillantes ocasiones donde acreditar mi valor; pero ahora me tenéis separado de ambas ejercicios, sin haber dado yo muestras de flojedad ni de cobardía. ¿Con qué cara me dejaré ver en la corte de aquí en adelante al ir y volver del foro y de las concurrencias públicas? ¿En qué concepto me tendrán los ciudadanos? ¿Qué pensará de mí la esposa con quien acabo de unir mi destino? Permitidme pues, que asista a la caza proyectada, o decidme por qué razón no me conviene ir a ella.»

Investiga cómo se cumple el sueño en el que su hijo Atis muere atavesado por una lanza

Encontramos algunos paralelos con la historia de Jerjes, personaje de la tragedia Los Persas de Esquilo, tanto en uno como en otro caso el oráculo les había anticipado los males



Después de superar el duelo por la muerte de su hijo, Creso vio como amenaza el creciente poder del imperio persa de Ciro , deseando consultar sobre ello a los oráculos, primero decidió probarlos, mandando emisarios a todos los santuarios conocidos a fin de que adivinaran que hacía en un preciso momento Realizada la prueba, Creso sólo quedó satisfecho con los vaticinios de los oráculos de Delfos De esta forma, decidió mandar ofrendas y sacrificios a Delfos, a fin de ganarse el favor del santuario. TAsí pues mando unos emisarios para que preguntaran si debía emprender la guerra contra persa. La Pitia contestó de forma ambigua, declarando que se destruiría un imperio, sin dejar claro si sería el persa. Creso no tuvo dudas e incluso hizo una tercera consulta, sobre cuanto duraría su monarquía a lo que la Pitia contestó que sólo la perdería cuando un mulo reinara sobre los medos.

Investiga cómo se cumple este oráculo



El tema de la culpa heredada es también frecuente en la tragedia, recordemos por ejemplo el caso de Edipo.En el caso de Creso, Heródoto nos cuenta que su sufrimiento es el resultado de una acción llevada a cabo por uno de sus antepasados: Giges.

La historia fue reelaborada por Platón en «La República» —con el mito del anillo que hace invisible a su poseedor, y que desencadena tal ansía de poder que le lleva a abandonar cualquier regla moral



TUCÍDIDES

Tal vez la falta del elemento mítico en la narración de estos hechos restará encanto a mi obra ante un auditorio… En resumen, mi obra ha sido compuesta como una adquisición para siempre más que como una pieza de concurso para escuchar un momento. (I 22, 4)

En cuanto a los hechos acaecidos en el curso de la guerra, he considerado que no era conveniente relatarlos a partir de la primera información que caía en mis manos, ni como a mí me parecía, sino escribiendo sobre aquellos que yo mismo he presenciado o que, cuando otros me han informado, he investigado caso por caso, con toda la exactitud posible. La investigación ha sido laboriosa porque los testigos no han dado las mismas versiones de los mismos hechos, sino según las simpatías por unos o por otros o según la memoria de cada uno.(I 22, 2-3)

De los textos anteriores deduce la concepción de la historia de Tucídides

  1. Pericles, primer ciudadano ateniense al inicio de la guerra:

Él, que era el hombre más poderoso de su tiempo y que dirigía la política de Atenas, se oponía en todo a los lacedemonios, y no permitía que se hicieran concesiones, sino que incitaba a los atenienses a la guerra.(I 127, 3)

Lo consideraban el hombre más valioso para las necesidades de toda la ciudad. En efecto, durante todo el tiempo que estuvo al frente de la ciudad en época de paz, la gobernó con moderación y veló por ella con seguridad, y durante su mandato Atenas llegó a ser la ciudad más poderosa; y una vez que la guerra estalló, también en aquellas circunstancias quedó claro que había previsto su potencia. Sobrevivió dos años y seis meses al inicio del conflicto, y después de su muerte se reconoció aún más la clarividencia de sus previsiones respecto a la guerra.(II 65, 5)

¿Puede deducirse del texto que hay en Tucídides una visión apologética de Pericles?

  1. Discurso de Pericles a los caídos tras el primer año de guerra. Obra maestra de la oratoria, que condensa en breves páginas el espíritu del pueblo ateniense:

Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás, somos un modelo a seguir. Su nombre, debido a que el gobierno no depende de unos pocos sino de la mayoría, es democracia.(II 37, 1)

Pero, en definitiva, si nosotros estamos dispuestos a afrontar los peligros con despreocupación más que con un penoso adiestramiento, y con un valor que no procede tanto de las leyes como de la propia naturaleza, obtenemos un resultado favorable: nosotros no nos afligimos antes de tiempo por las penalidades futuras y, llegado el caso, no nos mostramos menos audaces que los que andan continuamente atormentándose.(II 39, 4)

Y es justo que sean considerados los más fuertes de espíritu quienes, aun conociendo perfectamente las penalidades y los placeres, no por esto se apartan de los peligros.(II 40, 3)

Resumiendo, afirmo que nuestra ciudad es, en su conjunto, un ejemplo para Grecia.(II 41, 1)

Tal es, pues, la ciudad por la que estos hombres han luchado y han muerto, oponiéndose noblemente a que les fuera arrebatada, y es natural que todos los que quedamos estemos dispuestos a sufrir por ella.(II 41, 5)

Tucídides en los discursos convierte los resultados reales en motivos que pone en boca de los protagonistas, lo que permite que la argumentación tenga el carácter de lo inevitable, ¿Porqué Atenas se convierte en la escuela de Grecia? 

  1. La descripción de la situación en Atenas ante el caos de la enfermedad que diezmó la ciudad apenas comenzada la guerra y que acabó con la vida de un tercio de la población, entre ellos el propio Pericles:

Apareció por primera vez, según se dice, en Etiopía, la región situada más allá de Egipto, y luego descendió hacia Egipto y Libia y a la mayor parte del territorio del Rey (Persia). En la ciudad de Atenas se presentó de repente, y atacó primeramente a la población del Pireo.(II 48, 1)

En plena salud y de repente, se iniciaba con una intensa sensación de calor en la cabeza y con un enrojecimiento e inflamación en los ojos, por dentro, la faringe y la lengua quedaban enseguida inyectadas, y la respiración se volvía irregular y despedía un aliento fétido. Después de estos síntomas, sobrevenían estornudos y ronquera, y en poco tiempo el mal bajaba al pecho acompañado de una tos violenta; y cuando se fijaba en el estómago, lo revolvía y venían vómitos con todas las secreciones de bilis que han sido detalladas por los médicos, y venían con un malestar terrible.
(II 49, 2-3)

Afectaba, en efecto, a los órganos genitales y a los extremos de las manos y de los pies; y muchos se salvaban con la pérdida de estas partes, y algunos incluso perdiendo los ojos. Otros, en fin, en el momento de restablecerse, fueron víctimas de una amnesia total y no sabían quiénes eran ellos mismos ni reconocían a sus allegados.(II 49, 7-8)

Unos morían por falta de cuidados y otros a pesar de estar perfectamente atendidos. No se halló ni un solo remedio, por decirlo así, que se pudiera aplicar con seguridad de eficacia; pues lo que iba bien a uno a otro le resultaba perjudicial. Pero lo más terrible de toda la enfermedad era el desánimo que se apoderaba de uno cuando se daba cuenta de que había contraído el mal.(II 51, 2-4)

Cuerpos de moribundos yacían unos sobre otros, y personas medio muertas se arrastraban por las calles y alrededor de todas las fuentes movidos por su deseo de agua. Los santuarios en los que se habían instalado estaban llenos de cadáveres, pues morían allí mismo; y es que ante la extrema violencia del mal, los hombres, sin saber lo que sería de ellos, se dieron al menosprecio tanto de lo divino como de lo humano.(II 52, 2-)

Según tucçidides la peste acabó con la confianza popular, pero tuvo otras consecuencias políticas como el hecho de que Pericles fuera destituido de su cargo, juzgado y multado por malversación de fondos públicos, aunque fue reelegido estratega en el 429 a.C. y económicas y demográficas pues la epidemia brotó en la ciudad abarrotada, y Atenas perdió posiblemente un tercio de las personas que se cobijaban tras sus muros. La visión de las piras funerarias ardiendo hizo que el ejército espartano se retirara por temor a la enfermedad. Mató a gran parte de la infantería ateniense, algunos de los marinos más expertos y a su líder, Pericles, que murió en uno de los brotes posteriores en 429 a. C





JENOFONTE

La Apología de Jenofonte se puede dividir en tres partes:

1. La primera parte (1-9) viene a ser como una introducción a las palabras de Sócrates ante el tribunal. En ella, Jenofonte se propone explicar los motivos de su actitud altiva , Sócrates se niega a defenderse. Además, Sócrates afirma que es un buen momento para morir.

2. La segunda parte (10-23) constituye la parte central de la Apología y en ella Sócrates realiza su discurso ante el jurado. Primeramente recuerda la doble acusación realizada en contra suya: Impiedad y Corrupción de la juventud. Las protestas se agudizan , siendo declarado culpable. Al mismo tiempo, se niega a proponer una pena alternativa a la muerte así como a evadirse cuando sus amigos se lo piden. Sócrates no está dispuesto a escapar a la muerte.

3. Hecha pública la condena, Sócrates toma de nuevo la palabra para señalar que no tiene conciencia de haber cometido ninguna de las faltas de las que se le acusa. Profetiza que la vergüenza será para quienes le han condenado injustamente. El futuro, señala, del mismo modo que a Palamedes3, le hará justicia.

4. En la tercera parte (27-34), Sócrates abandona el tribunal con una mirada y una actitud muy serena, en concordancia con las palabras que acababa de pronunciar. Ante la aflicción de sus amigos, les recuerda la oportunidad de su muerte. Anécdota relativa a Apolodoro y severa advertencia de Sócrates respecto de Anito4, con la predicción sobre el sombrío futuro de su hijo. La Apología finaliza con algunas observaciones de Jenofonte y un epílogo.

Actitud de Sócrates ante la condena

"Sin embargo, tampoco por el hecho de morir injustamente tengo que tener menos alta la cabeza, porque la vergüenza no es para mí sino para quienes me condenaron. Me consuela todavía el recuerdo de Palamedes, que murió de manera muy semejante a la mía. Aun ahora sigue inspirando cantos muchos más hermosos que Odiseo, que injustamente ocasionó su muerte. Sé que también testimoniarán en mi favor el futuro y el pasado, haciendo ver que jamás hice daño a nadie ni volví peor a ninguna persona, sino que hacía el bien a los que conversaban conmigo, enseñándoles gratis todo lo bueno que podía".

Después de pronunciar estas palabras se retiró con semblante, actitud y paso sereno, muy de acuerdo con las palabras que acababa de pronunciar. Pero al darse cuenta de que sus acompañantes estaban llorando, dijo: "¿Qué es eso? ¿Es ahora cuando os ponéis a llorar? ¿Acaso no sabéis hace mucho tiempo que desde que nací estaba condenado a muerte por la naturaleza? Sin embargo, si muero prematuramente en medio de una inundación de bienes, es evidente que tendré que lamentarme tanto yo como mis amigos, pero si libero mi vida de las amarguras que me esperan, creo que todos vosotros debéis congratularos pensando que soy feliz".

Estaba presente un tal Apolodoro, amigo apasionado de Sócrates, pero persona simple por lo demás, que dijo: "Lo que peor llevo, Sócrates, es ver que mueres injustamente". Y entonces Sócrates, según se cuenta, le respondió, acariciándole la cabeza: "¿Preferirías entonces, queridísimo Apolodoro, verme morir con justicia?", y al mismo tiempo le sonrió.

Se cuenta también que, al ver pasar a Ánito, dijo: "Ahí tenéis a ese hombre lleno de orgullo, convencido de que ha llevado a cabo una hazaña grande y noble con haberme hecho matar porque, al ver que la ciudad le honraba con las mayores distinciones, dije que no debía educar a su hijo en el oficio de curtidor. ¡Pobre desgraciado, que no sabe, al parecer, que aquel de nosotros dos que haya dejado hechas las obras más útiles y más hermosas para siempre, ése será el vencedor!"

"Pero - siguió diciendo - tal como Homero ha atribuido a algunos de sus personajes en el momento de su muerte pronosticar el porvenir, también yo quiero hacer una profecía . Tuve una breve relación con el hijo de Ánito y me pareció que no era de espíritu débil, por lo que afirmo que no permanecerá en la vida servil que su padre preparó para él, sino que por no tener ningún consejero diligente caerá en alguna pasión vergonzosa y llegará lejos en la carrera del vicio".

Y no se equivocó con estas palabras, pues aquel muchacho le tomó gusto al vino y no dejaba de beber ni de día ni de noche, y al final no fue de ninguna utilidad para nadie, ni para su ciudad, ni para sus amigos, ni para si mismo. En cuanto a Ánito, por la mala educación dada a su hijo, y por su propia falta de juicio, incluso después de muerto conserva su mala reputación.

Al ensalzarse a sí mismo ante el tribunal, Sócrates despertó el odio de los jueces y los impulsó más aún a votar su condena. Por mi parte, creo que ha alcanzado un destino grato a los dioses, pues abandonó lo más duro de la vida y encontró la más fácil de las muertes. Demostró así la fortaleza de su espíritu, pues cuando se dio cuenta de que para él era preferible morir a seguir viviendo, lo mismo que no se opuso a los otros bienes de la vida, tampoco se acobardó ante la muerte, sino que la aceptó y la recibió con alegría.

Por mi parte, cuando pienso en la sabiduría y nobleza de espíritu de aquel hombre, ni puedo dejar de recordarlo ni, al acordarme de él, puedo dejar de elogiarle. Si alguno de los que aspiran a la virtud tuvo trato alguna vez con alguien más beneficioso que Sócrates, considero que tal hombre debe ser tenido por muy feliz

¿Qué predicción había hecho Sócrates para el hijo de Anito? ¿Cómo y porqué se cumple?

Helénicas, 2, 2.10-23 Una de las principales fuentes de los últimos siete años de la Guerra del Peloponeso no cubiertos por Tucídides, y el después de la guerra.



Los atenienses, sitiados por tierra y por mar, no sabían qué hacer, pues ni tenían naves, ni aliados, ni alimentos.  Consideraban que no había ninguna solución más que sufrir lo mismo que habían hecho, no por vengarse, sino que se habían limitado a perjudicar, por pura soberbia, a los habitantes de ciudades pequeñas, y no por ninguna otra causa más que con motivo de las alianzas.  Por eso resistían, tras conceder los derechos a quienes estaban privados de ellos, pero, aunque morían muchos en la ciudad por hambre, no entraban en conversaciones acerca de la reconciliación.  Cuando ya el alimento se les había acabado definitivamente, enviaron embajadores a Agis5 para exponerle su deseo de hacerse aliados de los lacedemonios con tal de conservar las murallas y el Pireo y, sobre estas condiciones, fijar los compromisos.  Pero les dijo que fueran a Lacedemonia, pues él en esto no tenía soberanía, Cuando los embajadores se lo comunicaron a los atenienses, los enviaron a Lacedemonia.  Una vez que estuvieron en Selasía, cerca de Laconia, y se enteraron los éforos6 de lo que decían, que era lo mismo que habían dicho a Agis, les ordenaron que se marcharan de allí y, si querían la paz, vinieran después de haber pensado algo mejor.  Cuando los embajadores llegaron a casa y se lo anunciaron a la ciudad, cayeron todos en la desesperación, pues pensaban que iban a ser convertidos en esclavos y, de momento, hasta que enviaran a otros embajadores, muchos morirían de hambre.  Acerca del desmantelamiento de las murallas nadie quería dar su opinión, pues Arquéstrato, 7por haber dicho en el Consejo que era mejor hacer la paz con los lacedemonios con las condiciones que reclamaban, había sido encarcelado.  Lo que reclamaban era que se desmantelaran hasta diez estadios de cada uno de los dos muros largos.  Hubo además un decreto según el cual no se podían hacer propuestas sobre esto.

Así las cosas, Terámenes8 dijo en la Asamblea que, si querían enviarlo a ver a Lisandro9, volvería ya enterado de si la persistencia de los lacedemonios acerca de los muros se debía a que querían esclavizar la ciudad o era sólo una forma de garantía.  Pero, cuando fue enviado, Lisandro le hizo aguardar más de tres meses, en espera de la ocasión en que los atenienses, por haber terminado las provisiones, estarían de acuerdo con todo lo que se dijera.  Al cuarto mes, a su regreso, informó en la Asamblea de que Lisandro lo había retenido hasta ese momento y entonces le había dicho que fuera a Lacedemonia, pues quien tenía autoridad para contestar a lo que preguntaba no era él sino los éforos.  Después fue elegido embajador plenipotenciario ante Lacedemonia en una legación compuesta por diez miembros.  Entretanto Lisandro, junto con una embajada de lacedemonios, envió a Aristóteles que era exiliado ateniense, a explicar a los éforos que su contestación a Terámenes había sido que la soberanía sobre la paz y la guerra la tenían ellos.  Terámenes y los demás embajadores, cuando estaban es Selasia, al preguntarles con qué propuestas venían, dijeron que tenían plenos poderes para tratar de la paz, y entonces los éforos los mandaron llamar.  Cuando llegaron, se celebró una asamblea, en que corintios y tebanos principalmente, pero también muchos de los demás griegos, proponían aniquilar a los atenienses y no hacer pactos con ellos.  Los lacedemonios, en cambio, dijeron que no someterían a esclavitud a una ciudad griega que había actuado muy positivamente en los momentos de mayor peligro que había tenido Grecia, sino que iban a hacer la paz a condición de que, tras desmantelar los grandes muros y el Pireo, además de entregar todas las naves excepto doce y acoger a los exiliados, compartieran los mismos amigos y enemigos que los lacedemonios y los siguieran por tierra y por mar adonde los condujeran.

Terámenes y los embajadores que iban con él lo comunicaron a Atenas.  Al entrar, una gran multitud los rodeaba con el temor de que vinieran con las manos vacías, pues ya no era posible aguantar a causa del número de los que perecían por el hambre.  Al día siguiente, los embajadores explicaron sobre qué condiciones estaban dispuestos a hacer la paz los lacedemonios.  En nombre de ellos habló Terámenes y dijo que había que ceder a los lacedemoníos y desmantelar los muros.  Algunos se opusieron, pero fueron muchos más los que estuvieron de acuerdo, por lo que decidieron aceptar la paz.  Después de eso, Lisandro llegó al Pireo, regresaron los exiliados y se pusieron a destruir las murallas al ritmo de los flautistas con mucho entusiasmo, pues consideraban que aquel día era el comienzo de la libertad para Grecia.

 ¿Cuáles son las condiciones de paz impuestas por Esparta a Atenas?

Señala las diferencias de estilo que encuentres con Tucídides

1Lidia, región situada en la parte central de Asia Menor, con su capital en Sardes .Fueron los primeros en acuñar y utilizar monedas de oro y plata En esta región se sitúan leyendas de personajes desmesuradamente ricos como el histórico Creso o el mítico Midas

2Media, país montañoso al sudeste del mar Caspio con capital en Ecbatana , que será conquistada como Lidia por Ciro

3líquido viscoso que mana de ciertas montañas en la provincia de Fayun, compuesto al parecer por una mezcla de carbonato, sulfato y muriato de sosa y que había de secarse para convertirse en natrón seco

3Uno de los combatientes en la guerra de Troya, quien descubrió que la locura de Ulises era fingida para evitar ir a la guerra,simulando querer matar a su hijo Telémaco. Por ello más tarde será acusado de traición, por una carta y el oro colocados en su tienda por Ulises para vengarse. Murió lapidado por los propios griegos

4Fue el que lanzó la acusación contra Sócrates, que a su vez lo habia acusado de querer dejar a su hijo como heredero de sus negocios

5Rey de Esparta, el mayor de los hijos de Arquidamo II, que condujo la invasión del Ática en el 425 a. C

6Magistrados de la antigua Esparta, eran cinco, elegidos anualmente y encargados de vigilar a los reyes

7Conocido como poeta, autor de un poema culinario cómico

8Político ateniense, muerto en le 404 a C que jugó un papel importante en las negociaciones de la rendición de Atenas y más tarde participó en el gobierno oligárquico de los treinta tiranos

9Comandante de la flota espartana que venció a los atenienses en la batalla de Egospotamos. Al año siguiente tomó Atenas él solo poniendo fin a la Guerra del Peloponeso

TIRTEO DE ESPARTA

 -Toda la poesía elegiaca tiene en común su carácter exhortativo ¿a quién se dirige Tirteo? ¿Con qué  objetivo?

-Tirteo no es una individualidad poética en el sentido actual, sino expresión del sentir general del estado espartano ¿cuáles son los fundamentos de este espíritu espartano?

-¿Qué semejanzas tiene el poema con la epopeya homérica?

-¿Cuál es la mayor deshonra para un ciudadano? ¿y su mayor gloria?

Dulce y hermoso es morir por la patria (Frag. 6, 7 D)
Pues es hermoso morir si uno cae en la vanguardia cual guerrero valiente que por su patria pelea. Que lo más amargo de todo es andar de mendigo, abandonando la propia ciudad y sus fértiles campos, y marchar al exilio con padre y madre ya ancianos, seguido de los hijos y de la legítima esposa. Porque ése será un extraño ante quienes acuda cediendo a las urgencias de la odiosa pobreza. Afrenta a su linaje y baldona su noble figura y toda clase de infamia y ruindad le persigue. Si un vagabundo así ya no obtiene momento de dicha ninguno, ni vergüenza ni estima ninguna, entonces con coraje luchemos por la patria y los hijos, y muramos sin escatimarles ahora nuestras vidas. ¡Ah jóvenes, pelead con firmeza y codo a codo; no iniciéis una huida afrentosa ni cedáis al espanto; aumentad en vuestro pecho el coraje guerrero, y no sintáis temor de hacer frente al enemigo! Y a vuestros mayores que ya no conservan ligeras rodillas A los viejos, no les abandonéis atrás al retiraros. Vergonzoso es, desde luego, que caiga en vanguardia Y quede ante los hombres tumbado un hombre ya maduro, Que tiene ya blanca la cabeza y canosa la barba, Y queda exhalando su ánimo audaz en el polvo, con el sexo cubierto de sangre en las manos -bochornoso espectáculo es ése y exige venganza- y su cuerpo desnudo. En cambio, todo es bello en un joven, mientras la flor flamante de amable juventud posee. Es admirado por los hombres y suscita amor en las mujeres Mientras está vivo, y hermoso es si cae en la vanguardia. Así que todo el mundo se afiance en sus pies Y se hinque en el suelo mordiendo con los dientes el labio.

 

 

SOLÓN

  Elegía a las Musas 

Mientras siga habiendo políticos corruptos, habitantes codiciosos y países mal gobernados , esta elegía de Solón de Atenas exhortando a los ciudadanos de la polis a abandonar la “codicia de plata y el excesivo orgullo” se seguirá leyendo con la emoción que 26 siglos no se bastan para ahuyentar.

La elegía comienza con una plegaria a las musas, común a toda la poesía antigua, pero no se pide un bien particular y contingente ¿Cuál es entonces el motivo de esta plegaria?

-Solón se halla en la línea religiosa tradicional ¿Qué alaba y qué censura en el comportamiento humano? ¿Cuál es su concepción de los dioses?

«Famosas hijas de Mnemósine y Zeus Olímpico

Musas Piéridas, escuchadme cuando os invoco.

Concededme la felicidad que otorgan los dioses bienaventurados y

Gozar siempre entre todos los hombres de una buena fama;

ser así dulce para los amigos, y amargo para los enemigos,

que mi vista sea para unos objeto de respeto, para otros de temor.

Si bien deseo tener riquezas, no quiero obtenerlas

de manera injusta. Más tarde, llega certero el castigo.

La riqueza que otorgan los dioses, es firme para el hombre

desde su cimiento más profundo hasta la cima.

Pero la que buscan los hombres a causa de su insolencia, no viene

con orden, sino que obedeciendo a las obras injustas, sin querer las sigue

y rápidamente se mezcla con la desgracia.

Nace de un pequeño origen, como el del fuego,

débil primero, incurable termina.

No duran por cierto mucho tiempo para los mortales

las obras de la insolencia,

sino que Zeus vigila el fin de todo y, de repente,

como súbitamente dispersa las nubes

el viento primaveral, que, tras revolver el fondo

del yermo mar de muchas olas y devastar

en la tierra productora de trigo las bellas obras alcanza la alta sede

de los dioses, el cielo, y nuevamente aclara el día

y brilla la bella fuerza del sol en la fértil tierra,

y no haya la vista ni siquiera una nube.

Tal es el castigo de Zeus; no contra uno

como se encoleriza un hombre mortal.

Nunca le pasa completamente desapercibido el que

tiene un corazón impío, al final se pone totalmente en evidencia.

Uno paga de inmediato, el otro, más tarde; a los que huyen

ellos mismos y no les alcanza el destino de los dioses que se acerca,

les llega completamente más farde; inocentes pagan sus actos

o sus hijos o la estirpe futura.

Los mortales juzgamos así de manera semejante, el bueno y el malo

que está bien la opinión que cada uno mismo tiene,

antes de sufrir algo. Entonces llega el sufrimiento. Hasta ese momento

sin damos cuenta gozamos con vanas esperanzas.

Al que oprimen enfermedades terribles

piensa que se pondrá sano,

otro aunque es cobarde cree ser un hombre bueno

y otro bello, aunque no tiene una agradable figura.

Si uno carece de fortuna y la pobreza lo oprime

cree que posee absolutamente mucho dinero.

Se esfuerza cada uno por otra cosa. Uno vaga por el mar,

porque desea llevar a casa ganancia en sus naves

arrastrado de un lado a otro por terribles vientos en el mar

sin escatimar nada de su vida.

Otro corta la tierra de muchos árboles cada año y

trabaja como siervo, a éstos les corresponde el curvo arado.

Otro aprende la obra de Atenea y Hefesto, de mucha técnica,

y recoge su sustento con las manos.

Otro aprendió de las musas olímpicas los dones

y sabe la medida de la sabiduría deseada.

A otro hizo augur el señor Apolo que actúa de lejos,

conoce el mal que viene al hombre de lejos

si lo acompañan los dioses. Contra 10 que está destinado

en absoluto protegen ni un pájaro ni los sacrificios.

Otros son médicos porque dominan la obra del Peán

de muchos remedios. Tampoco para éstos hay un final cierto.

A menudo un gran dolor nace de una pequeña molestia

y nadie lo eliminaría por medio de suaves remedios

En otras ocasiones, cura súbitamente al que tiene

malas y terribles enfermedades tocándolo con las manos.

El destino trae a los mortales mal y también bien,

Llegan a ser regalos inevitables de los dioses inmortales.

En todas las acciones hay peligros y, cuando algo ha comenzado,

nadie sabe de qué manera va a estar .dispuesto

El que intenta hacerlo bien cae sin preverlo

en una gran y dificil desgracia,

al que lo hace de mala manera, un dios le da en toda ocasión

una buena fortuna, salvación de su desvarío.

Ningún límite de la riqueza es evidente para los hombres

Pues los que de nosotros ahora tienen los mayores bienes,

se esfuerzan el doble. ¿Quién satisfaría a todos?

Los dioses entregan a los mortales beneficios,

pero de ellos surge la desgracia que, cuando Zeus

la envía a castigar, toca una vez a uno y otra vez a otro.

. Estructura de la elegía

A. Introducción: Invocación a las Musas (vv. 1-8): Buena reputación y felicidad

1-2 Invocación

3-4 La felicidad verdadera que otorgan sólo los dioses y la opinión humana.la virtud mezclada con la

riqueza como fundamento de la felicidad

5-6 La reputación adecuada entre amigos y enemigos

7 -8 Riquezas sí, pero no injustas: felicidad pedida a los dioses

B: Felicidad (no es riqueza) 9-32.

 8-15: No es la felicidad, sólo es segura la que dan los dioses. La otra produce castigo.

 16-24: Las obras impías no duran mucho, rápidamente castiga Zeus como el viento primaveral dispersa las nubes

 25-32: Zeus no actúa como los hombres mirando sólo el momento inmediato, castiga siempre inmediatamente, más tarde o a las generaciones sucesivas

C Fama 33-62:

 33-36: Los humanos, por el contrario, mientras no sufrimos nos dejamos llevar por las vanas esperanzas.

 37-62: Empujados insensatamente por su opinión se afanan en las más diversas actividades.

B' Felicidad 63-76

 63-70: No se dan cuenta de que el éxito de sus acciones depende sólo de los dioses, que otorgan felicidad e infelicidad.

 71-76: No hay ningún límite evidente de la riqueza, los que más tienen, más se afanan, sin pensar que del exceso surge el castigo.

4. Conclusión: Una idea central guía toda la plegaria: la distinción entre la felicidad verdadera que no consiste en la simple riqueza, sino en el límite y la confianza en los dioses. Las distintas ideas se enlazan unas a otras como las cuentas de un collar, a partir de un concepto expresado en el grupo anterior

 

SAFO

 Inmortal Afrodita la del trono pintado,

la hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego:

no a mí, no me sometas a penas ni angustias

el ánimo, diosa.

Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo,

al escuchar de lejos de mi voz la llamada,

la has atendido y, dejando la áurea morada

paterna, viniste,

Tras aprestar tu carro. Te conducían lindos

tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.

Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo

cruzaron el éter,

y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,

mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,

me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué

de nuevo te invocaba,

y qué con tanto empeño conseguir deseaba

en mi alocado corazón. ¿A quién, esta vez

voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,

ay Safo, te agravia?

Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;

si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,

y si no te quería, en seguida va a amarte,

aunque ella resista. Acúdeme también ahora, y líbrame ya

de mis terribles congojas, cúmpleme que logre

cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra

tú misma mi alidada.

García Gual, Carlos. Antología de la poesía lírica griega.

 

-Una muchacha ha abandonado a Safo, no para casarse, sino por un pequeño capricho ¿Qué le pide Safo a la diosa?

-El poema no tiene la solemnidad ritual de los himnos, pues  ¿Cómo se presenta a la diosa?

-El nudo del poema lo constituyen las interrogaciones “me preguntabas qué …” ¿Qué evocan las repeticiones?

-Analiza la estructura ternaria del poema

¿Cómo se cierra el poema?

Me parece el igual de un dios, el hombre

 que frente a ti se sienta, y tan de cerca

 te escucha absorto hablarte con dulzura

  y reírte con amor.

 

  Eso, no miento, no, me sobresalta

  dentro del pecho el corazón; pues

  te miro un solo instante, ya no puedo

  decir ni una palabra,

 

      la lengua se me hiela, y un sutil

      fuego no tarda en recorrer mi piel,

      mis ojos no ven nada, y el oído

      me zumba, y un sudor

      frío me cubre, y un temblor me agita

      todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,

      pálida, y siento que me falta poco

      para quedarme muerta

Traducción de Juan Ferraté, Líricos griegos arcaicos.

 -En este segundo poema ¿Cuáles son los sentimientos de la poetisa que tan claramente se oponen a los del joven, a quien compara con un dios por su indiferencia?

 

ALCEO  de MITILENE

¿Qué quiere expresar Alceo con esta alegoría?

No acierto a ver de dónde sopla el viento;

rueda la ola gigante unas veces de este lado

y otras de aquél; nosotros por en medio

somos llevados en la negra nave...

 

 

¡Ahora es cuando hay que embriagarse

bebiendo hasta perder el tino,

pues que Mírsilo ha muerto!




 

 

ARQUILOCO

 

 

Resignación

Corazón, corazón, de irremediables penas agitado,

¡álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles

el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente

con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,

ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.

En las alegrías alégrate y en los pesares gime

sin excesos. Advierte el vaivén del destino

humano.

 

Un general alto y bien plantado

orgulloso de sus bucles y barba recortada

no lo quiero,

tenga yo

uno pequeño y patizambo

que avance con pie firme y lleno de valor.

 

.

 

No hay muerto respetable y famoso

entre conciudadanos,

que andamos los vivos tras el favor del vivo

y siempre toca lo peor al muerto.

 

Que nada es ya inesperado,

nada por lo que arriesgar un juramento,

nada asombroso

una vez que Zeus, padre de los Olímpicos,

del mediodía hizo noche y ocultó la luz

del brillante sol.

Sudoroso pavor llegó a los hombres,

todo es creíble y esperable para ellos

 desde   entonces,

no se extrañe ya al verlo ninguno de vosotros,

ni que las fieras muden con los delfines su marina morada,

ni que las resonantes olas del mar sean

más gratas para ellos que la tierra firme,

   ni que para éstos lo sea el monte cerrado

 

 En el primer poema se resume su concepción de la vida : valor ante sus enemigos, humildad en el triunfo, ni  desaliento en la desgracia, pero la vida tiene que plegarse a la exigencia más sobria del pensamiento griego: la de la medida en todos los dominios de la vida.

El segundo y tercer fragmento son elegías, pero que están muy lejos del ideal aristocrático: la búsqueda de la gloria como única forma de vencer la

muerte. Pero Arquíloco sostiene que nadie conquista honores después de la muerte y que el favor es propio de los vivos ¿Cuál es para el poeta la mayor gloria en la batalla?

¿Qué concepto de la justicia se desprende del cuarto fragmento?

 

εἰμὶ  δ᾽ ἐγὼ θεράπων μὲν Ἐνυαλίοιο ἄνακτος  

καὶ Μουσέων ἐρατὸν δῶρον ἐπιστάμενος[1]

Soy un siervo, yo, de Enialio, señor de la guerra, y un experto en el don de las Musas amable.

Traducción de Juan Ferraté

ἐν δορὶ μέν μοι μᾶζα μεμαγμένη,[2] ἐν δορὶ δ᾽ οἶνος   Ἰσμαρικός· πίνω δ᾽ ἐν δορὶ κεκλιμένος.  

Me gano los chuscos de pan con la lanza, y el vino de Ismaro con la lanza, y bebo apoyado en la lanza.

Traducción de Juan Ferraté

ἀσπίδι μὲν Σαΐων τις ἀγάλλεται, ἣν παρὰ    θάμνωι,   ἔντος ἀμώμητον, κάλλιπον οὐκ ἐθέλων·

 αὐτὸν δ᾽ ἐξεσάωσα. τί μοι μέλει ἀσπὶς ἐκείνη;  

 ἐρρέτω· ἐξαῦτις κτήσομαι οὐ κακίω[3].    

Un tracio es quien lleva, ufano, mi escudo: lo eché, sin pensarlo, junto a un arbusto, al buen arnés sin reproche, pero yo me salvé. ¿Qué me importa, a mí, aquel escudo? ¡Bah! Lo vuelvo a comprar que no sea peor.

Traducción de Juan Ferraté

¿Cómo se gana la vida Arquíloco?

 

JENÓFANES

 Elegía sobre una fiesta. La poesía parte de la circunstancia, pero se separa de ella proponiendo un efecto de orden intelectual, la inducción a una convicción. Fr. 1.

 Ya que están limpios, ahora, el suelo, y las manos de todos, y las copas; y hay uno que pone coronas trenzadas, y otro que pasa un perfume oloroso en un frasco; y se alza la crátera, llena hasta el borde de dicha; y hay más vino en reserva, que dice no habrá de faltarnos nunca, y que huele a flores, suave, en los cascos; y difunde el incienso su santo aroma en el medio; y fresca y dulce y limpia está el agua, y a mano los rubios panes esperan y, tal que impone respeto, la mesa, de queso y de miel suculenta cargada; y cubren el ara del centro por todas las partes las flores; y envuelven toda la casa el canto y la fiesta: deben primero los comensales al dios entonarle un himno con pías historias y puras palabras; y, hecha ya libación y habiendo implorado la fuerza de hacer lo que es justo – eso, sin duda, es más propio-, no hay abuso en beber hasta donde lo habido no impida volver sin criado a la casa, no siendo un anciano; y al hombre se debe alabar que demuestra, al beber, su nobleza en que se acuerda del bien y se esfuerza en lograrlo, y que no viene a contar las batallas que nuestros abuelos fingieron entre Titanes, Gigantes, Centauros, ni violentas querellas, que en eso no hay nada que sirva; y es bueno guardarles respeto, siempre, a los dioses.

 

MIMNERMO

Elegías sobre el paso del tiempo y la vejez. Fr. 1 y 5.4-8

 ¿Y qué vida, y qué goce, quitando a Afrodita de oro? Morirme quisiera, cuando no importen ya más los amores ocultos, los dulces obsequios, la cama, cuanto de amable tiene la flor de la edad para hombre y mujer; pues tan pronto llega la triste vejez, que hace al hombre feo y malo a la par, sin cesar le consumen el alma los viles cuidados, ya no se alegra mirando a los rayos del sol, los muchachos le odian, lo vejan también las mujeres; tan terrible dispuso Dios la vejez.

Lo mismo que un sueño, dura un tiempo muy breve la juventud preciosa; y la triste y deforme vejez pende enseguida encima de nuestra cabeza, hostil a la vez y canalla, que cambia la faz de los hombres y, abrazándonos, daña su vista y su mente. 

 TEOGNIS DE MEGARA

Los tiempos cambian

 Ah, Cirno, ésta es aún nuestra ciudad, Pero es otra su gente. 

Los que antes no sabían de leyes ni derechos,

los que cubrían sus flancos con pieles de cabras,

 y fuera de esta ciudad, como gamos, pastaban,

ahora son gente de bien, y los nobles de antes ahora   son pobres gentes

 ¿Quién puede soportar el ver eso? 

Unos a otros se engañan burlándose entre sí,

y desconocen las normas de lo bueno y lo malo. 

No te hagas amigo de ninguna de estas personas,

de corazón, por grande que sea tu apuro.

Pero de palabra aparenta ser amigo de todos,

y no colabores con nadie en cosas de importancia. 

Porque te darás cuenta del talante de esos   miserables,

cómo no puede haber confianza ninguna en sus hechos,

   sino que aman las trampas, engaños y enredos,

tal como los hombres que no tienen remedio ninguno.

 

El resentimiento y la animadversión contra el pueblo inspiran estos versos, en que advierte a su amigo Cirno, otro aristócrata, para que conduzca su actuar político guiado por los principios morales de su clase ¿Qué consejos le da?¿Cuál es el peor de los males?

 

 La Esperanza

La Esperanza es la única diosa que habita entre humanos,

las demás se marcharon, dejándola atrás, al Olimpo. 

Se fue la Confianza, gran diosa, se fue de los hombres

la Cordura, y las Gracias, amigo, dejaron la Tierra. 

Ya no hay juramentos de fiar entre humanos ni justos,

ni nadie demuestra respeto a los dioses eternos;

se ha extinguido el linaje de hombres piadosos; ahora

ni normas legales conocen ni aún la Piedad.

 Mas en tanto uno vive y ve el brillo del sol,

conserve piadoso su fe en la divina Esperanza,

rece a los dioses y, al ofrendarles los grasientos muslos, en sus sacrificios invoque,

al comienzo y al fin, la Esperanza.

Guárdese siempre del torvo discurso de hombres injustos,

que, sin recelo ninguno del ser de los dioses eternos,

de continuo a los bienes ajenos su vista dirigen, establecen infames apaños con ruines propósitos.

 

La esperanza es lo que ayuda a sobrellevar la vida en los tiempos que vive el poeta, pero concretamente ¿Cuál es esta esperanza?

 

SEMÓNIDES DE AMORGÓS

Yambo de las mujeres

De modo diverso la divinidad hizo el talante de la mujer
desde un comienzo. A la una la sacó de la híspida cerda:
en su casa está todo mugriento por el fango,
en desorden y rodando por los suelos.
Y ella sin lavarse y con vestidos sucios,
revolcándose en estiércol se hincha de grasa.
A otra la hizo Dios de la perversa zorra,
una mujer que lo sabe todo. No se le escapa
inadvertido nada de lo malo ni de lo bueno.
De las mismas cosas muchas veces dice que una es mala,
y otras que es buena. Tiene un humor diverso en cada caso.
Otra, de la perra salió; gruñona e impulsiva,
que pretende oírlo todo, sabérselo todo,
y va por todas partes fisgando y vagando
y ladra de continuo, aun sin ver nadie.
No la puede contener su marido, por más que la amenace,
ni aunque, irritado, le parte los dientes a pedradas,
ni tampoco hablándole con ternura,
ni siquiera cuando está sentada con extraños;
sino que mantiene sin pausa su irrestañable ladrar.
A otra la moldearon los Olímpicos del barro,
y la dieron al hombre como algo tarado. Porque ni el mal
ni el bien conoce una mujer de esa clase.
De las labores sólo sabe una: comer.
Ni siquiera cuando Dios envía un mal invierno,
por más que tirite de frío, acerca su banqueta al fuego.
Otra vino del mar. Ésta presenta dos aspectos.
Un día ríe y está radiante de gozo.
Cualquiera de fuera que la ve en su hogar la elogia:
No hay otra mujer más agradable que ésta
ni más hermosa en toda la tierra.
Al otro día está insoportable y no deja que la vean
ni que se acerque nadie; sino que está enloquecida
e inabordable entonces, como una perra con cachorros.
Es áspera con todos y motivo de disgusto
resulta tanto a enemigos como a íntimos.
Como el mar que muchas veces sereno
y sin peligro se presenta, alegría grande a los marinos,
en época de verano, y muchas veces enloquece
revolviéndose en olas de sordo retumbar.
A éste es a lo que más se parece tal mujer
en su carácter: al mar que es de índole inestable.
Otra procede del asno apaleado y gris,
que a duras penas por la fuerza y tras los gritos
se resigna a todo y trabaja con esfuerzo
en lo que sea. Mientras tanto come en el establo
toda la noche y todo el día, y come ante el hogar.
Sin embargo, cuando se trata del acto sexual,
acepta sin más a cualquiera que venga.
Y otra es de la comadreja, un linaje triste y ruin.
Pues ésta no posee nada hermoso ni atractivo,
nada que cause placer o amor despierte.
Está que desvaría por la unión de Afrodita,
pero al hombre que la posee le da náuseas.
Con sus hurtos causa muchos daños a sus vecinos,
y a menudo devora ofrendas destinadas al culto.
A otra la engendró una yegua linda de larga melena.
Ésta evita los trabajos serviles y la fatiga,
y no quiere tocar el mortero ni el cedazo
levanta ni la basura saca fuera de su casa,
ni siquiera se sienta junto al hogar para evitar
el hollín. Por necesidad se busca un buen marido.
Cada día se lava la suciedad hasta dos veces,
e incluso tres, y se unta de perfumes.
Siempre lleva su cabello bien peinado,
y cardado y adornado con flores.
Un bello espectáculo es una mujer así
para los demás, para su marido una desgracia,
de los que regocijan su ánimo con tales seres

Señala el defecto típico de cada uno de estos tipos

 

levanta ni la basura saca fuera de su casa,
ni siquiera se sienta junto al hogar para evitar
el hollín. Por necesidad se busca un buen marido.
Cada día se lava la suciedad hasta dos veces,
e incluso tres, y se unta de perfumes.
Siempre lleva su cabello bien peinado,
y cardado y adornado con flores.
Un bello espectáculo es una mujer así
para los demás, para su marido una desgracia,
de los que regocijan su ánimo con tales seres

 

Otra viene de la mona. Ésta es, sin duda,
la mayor calamidad que Zeus dio a los hombres.
Es feísima de cara. Semejante mujer va por el pueblo
como objeto de risa para toda la gente.
Corta de cuello, apenas puede moverlo,
va sin trasero, brazos y piernas secos como palos.
¡Infeliz, quienquiera que tal fealdad abrace!
Todos los trucos y las trampas sabe
como un mono y no le preocupa el ridículo.
No quiere hacer bien a ninguno, sino que lo que mira
y de lo que todo el día delibera es justo esto:
cómo causar a cualquiera el mayor mal posible.
A otra la sacaron de la abeja. ¡Afortunado quien la tiene!
Pues es la única a la que no alcanza el reproche,
y en sus manos florece y aumenta la hacienda.
Querida envejece junto a su amante esposo
y cría una familia hermosa y renombrada.
Y se hace muy ilustre entre todas las mujeres,
y en torno suyo se derrama una gracia divina.
Y no le gusta sentarse con otras mujeres
cuando se cuentan historias de amoríos.

Tales son las mejores y más prudentes
mujeres que Zeus a los hombres depara.
Y las demás, todas ellas existen por un truco
de Zeus, y así permanecen junto a los hombres.
Pues éste es el mayor mal que Zeus creó:
las mujeres. Incluso si parecen ser de algún provecho,
resultan, para el marido sobre todo, un daño.
Pues no pasa tranquilo nunca un día entero
todo aquel que con mujer convive,
y no va a rechazar rápidamente de su casa al hambre,
odioso compañero del hogar, dios de mal temple.
Cuando piensa un hombre gozar de mejor ánimo
en su hogar, por gracia de los dioses o fortuna humana,
encuentra ella un reproche y se arma para la batalla.
Pues donde hay mujer no puede recibirse con agrado
ni siquiera a un huésped que acude a la casa.
La que parece, en efecto, que es la más sensata,
Ésa resulta ser la que más ofende a su marido,
y mientras anda él de pasmarote, sus vecinos
se ríen a su costa, viendo cuánto se equivoca.

Cada uno hará elogios recordando a su propia
mujer, y censuras cuando evoque a la de otro.
¡Y no advertimos que es igual nuestro destino!
Porque éste es el mayor mal que Zeus creó,
y nos lo echó en torno como una argolla irrompible,
desde la época aquella en que Hades acogiera
a los que por causa de una mujer se hicieron guerra.
(Trad. de C. García Gual)

Podemos considerar el Yambo de las Mujeres como una crítica (o descripción para algunos) aberrante hacia las mujeres, al compararlas con diferentes animales, todos ellos vistos a través de sus defectos tópicos. Pero tampoco hay que exagerar el elemento misógino del texto: las diatribas entre ambos sexos son una práctica bastante usual no sólo entre hombres, también entre mujeres y que ha perdurado a lo largo de los siglos.

La mujer, y como consecuencia la concepción y la familia, son consideradas como aberrantes y rechazables, o, en todo caso, tal vez buenas o necesarias para otros, pero no para uno mismo.

La misoginia ha sido considerada como un atraso cultural arraigado al concepto de superioridad masculina, según el cual el rol de la mujer es dedicarse exclusivamente al hogar y la reproducción.

ANACREONTE

 

¿A qué me instruyes en las reglas de la retórica?
Al fin y al cabo, ¿a qué tantos discursos
que en nada me aprovechan?
Será mejor que enseñes a saborear
el néctar de Dionisios
y a hacer que la más bella de las diosas
aun me haga digno de sus encantos.
La nieve ha hecho en mi cabeza su corona;
muchacho, dame agua y vino que el alma me adormezcan
pues el tiempo que me queda por vivir
es breve, demasiado breve.
Pronto me habrás de enterrar
y los muertos no beben, no aman, no desean.

 

De la dulce vida, me queda poca cosa;
esto me hace llorar a menudo porque temo al Tártaro;
bajar hasta los abismos del Hades,
es sobrecogedor y doloroso,
aparte de que indefectiblemente
ya no vuelve a subir quien allí desciende.

El primer poema se incia con dos interrogaciones retóricas que expresan su negativa al saber meramente intelectual frente a la exaltación de la experiencia vital, frente a la conciencia de la fugacidad de la vida , lo que nos remite al tópico literario del “carpe diem”, por ello el autor propone otra forma de aprendizaje, más ligada a la vivencia del mundo de los sentidos,resumida en las siguientes perífrasis: “el néctar de Dionisios” y “la más bella de las diosas”. Nos invita a gozar del vino para alcanzar una liberación transitoria de la conciencia y el aprovechamiento pleno del presente y refiriéndose obviamente a Afrodita, la diosa del amor- nos propone un acercamiento al goce y al placer corporal como afirmación de los instintos

La conciencia en torno a la fugacidad de la existencia ante el advenimiento de la vejez queda patente en las metáforas siguientes: “La nieve ha hecho en mi cabeza su corona”; notemos que la corona no pertenece al hombre, sino a la nieve, símbolo del invierno (si bien se presta a la interpretación más simple de las canas, señal del paso del tiempo), de la decadencia de lo vital y de la muerte. La muerte es la reina del hombre y aún en los momentos en que éste se entrega a los placeres, ella pesa sobre él como la única certeza de la cual es capaz: la de su propio fin. Entregarse a los placeres es olvidarse de su sentencia, pero es un olvido que, parádojicamente, se alimenta de su conocimiento, ya que el poeta insta a la intensidad de los placeres porque sabe que no deben ser postergados al futuro, que tal vez no exista.

Teniendo en cuenta el comentario anterior, resume brevemente la estructura del poema

El poema se inicia con un verso que manifiesta, a modo de lamento, la brevedad de la existencia; y en el segundo se especifica la reacción que surge del yo lírico: “esto me hace llorar a menudo porque temo al Tártaro”. Destáquese la presencia de esa referencia mítica que pide una aclaración: el Tártaro es la región más baja de los infiernos. Según Hesíodo, el Tártaro está tan debajo del Hades como la tierra lo está con respecto al cielo, y está cerrado por puertas de hierro. En algunos relatos Zeus, el dios supremo, después de conducir a los dioses a la victoria sobre los titanes, desterró a su padre, Cronos, y a los demás titanes al Tártaro. El nombre Tártaro llegó a usarse a veces como sinónimo de Hades, o de los Infiernos en general, pero con más frecuencia como el submundo donde se castigaba a los malvados después de la muerte. Cabe preguntarse de qué se siente tan culpable el poeta para ponerse a pensar en tamaño castigo.

Anacreonte no se arrepiente de su estilo de vida cortesano, ya que era lo normal y no existía allí ninguna ofensa a los dioses La idea es más bien que a los dioses les duele todo éxito, toda felicidad que pudiera por un momento elevar nuestra mortalidad por encima de su condición mortal, invadiendo así su prerrogativa. De ahí que Anacreonte, cantor de los placeres del buen vino, la sexualidad y la alegría, temiera el Tártaro: él fue un hombre feliz a pesar de los dioses

En el cuarto y quinto versos del texto estudiado, iniciados con un infinitivo (“bajar”) que funciona a modo de sustantivo y que generaliza una acción de modo impersonal (o sea, refiriéndola a todos nosotros), se especifica la naturaleza terrible de ese descenso a través de dos adjetivos calificadores, que no apuntan al sentido físico sino al psicológico: “sobrecogedor y doloroso”. La muerte es dolorosa para Anacreonte y, en extensión, para todo el género humano: porque la plenitud total del amor y y del deseo, por más que se lo persiga, no es posible. ( Martín Palacios)

 

De Cleóbulo estoy enamorado,
Por Cleóbulo estoy aun más loco,
a Cleóbulo mis ojos lo persiguen

 

Jovencito que tienes una mirada virgen
trato de conseguirte pero tú no me escuchas.
Y es que no eres consciente
de que en tus manos llevas las riendas de mi alma

Potrilla tracia, ¿por qué me miras

de reojo, y sin piedad me huyes,

y piensas que no sé nada sabio?

Ten por seguro que a ti muy bien

yo podría echarte el freno,

y con las riendas en la mano

dar vuelta a las lindes del estadio.

Pero ahora paces en los prados

y juegas con ágiles cabriolas,

porque no tienes un jinete

experto en la doma de yeguas.

En los dos últimos poemas aparece la misma imagen del jinete o el auriga. Explica su significado

 

PÍNDARO

Tras la victoria pítica de Hierón de Siracusa el 470, recibió Píndaro el encargo de componer una oda en la que no sólo se celebrara ese hecho de prestigio, sino otro acontecimiento político más importante: la fundación de una nueva ciudad en las laderas del Etna. Hierón se hizo proclamar en Delfos con el nombre de “Etneo”, fundador de una ciudad, título del mayor honor en el mundo griego. Como rey de la nueva ciudad apareció el hijo de Hierón, Dinómenes. Cabe imaginar el marco esplendoroso en que se escuchó este canto coral, en la fiesta de inauguración, dentro de un solemne sacrificio a Zeus. Si la oda era el elemento más fascinante de la fiesta, por la música y representación de su mágico poder comienza este poema, para nosotros el más bello de todo cuanto de Píndaro ha llegado a nuestro conocimiento. El carácter sacral de la música se revela como potencia dominadora de la luz y de las tinieblas. Bien sumo desea el poeta a la nueva ciudad, bajo la protección de los dioses. Con su bendición logró Hierón relevantes éxitos, y debe gozarse también de sus pasadas luchas, como antaño Filoctetes. Consejos al nuevo rey Dinómenes y un programa político, caro a Píndaro, llenen los últimos versos. 

 

 

-Otros muchos poemas comienzan con una invocación a los dioses, en este caso a quién va dirigido el preludio

-¿Qué personajes mitológicos se estremecen ante sus acordes?

-¿A quién por el contrario llenan de consternación?

-Tifón- ser monstruoso, el menor de los hijos de Gea y el Tártaro, mayor que todas las montañas, en lugar de dedos tenia cien cabezas de dragón, de cintura para abajo estaba rodeado de víboras, tenía el cuerpo alado y sus ojos despedían llamas. ¿Cómo se describe en el poema la rabia infernal de Tifón?

-¿A qué llama Píndaro  “pilar del cielo “?

-¿Qué se celebra en la oda?

-Después de los elogios, el autor invoca a Zeus ¿Cómo concibe Píndaro al diós? ¿Qué papel desempeña éste en el mundo?

-¿Qué consejos moralizadores nos da el poeta?

NOTAS

-Doro- fundador legendario de los dorios, ayudado por Heracles venció a los lapitas.

Egimio

Dimante   Pamfilo

-Tindaréo- rey de  Esparta, esposo de Leda, sobrenombre que se dará a sus hijos, Cástor y Pólux, o Tindáridas

-Tirrenos- etruscos derrotados en la batalla de Cumas por Hierón de Siracusa

-Medos – persas

-Hímera- ciudad de Siracusa donde fueron derrotados los cartagineses

-Creso- último rey de Lidia, derrocado por Ciro, famoso por sus riquezas.

-Fálaris- tirano de Agrigento, en Sicilia, famoso por su crueldad, pues achicharraba a sus víctimas dentro de un toro de bronce hueco, haciendo creer que sus gritos eran los mugidos del toro

 

A HIERÓN DE ETNA, VENCEDOR EN LA CARRERA DE CARROS

 χρυσέα φόρμιγξ, Ἀπόλλωνος καὶ ἰοπλοκάμων
σύνδικον Μοισᾶν κτέανον: τᾶς ἀκούει μὲν βάσις, ἀγλαΐας ἀρχά,
πείθονται δ' ἀοιδοὶ σάμασιν,
ἁγησιχόρων ὁπόταν προοιμίων ἀμβολὰς τεύχῃς ἐλελιζομένα. 

 καὶ τὸν αἰχματὰν κεραυνὸν σβεννύεις

 ¡Áurea lira de Apolo y de las Musas de trenzas violáceas

tesoro justamente compartido! A ti te escucha

el paso de danza, comienzo de la fiesta,

y obedecen los cantores tus señales

cuando de los preludios que guían los coros

los primeros acordes preparas vibrante

¡Hasta el rayo apagas,  lancero de inextinguible fuego!
Y duerme sobre el cetro de Zeus el águila,
su rauda ala a entrambos costados relajando,
la reina de las aves,  cuando una nube de ojos oscuros
sobre su corva cabeza,  de los párpados dulce cerrojo,
le has derramado,  y ella dormitando
la húmeda espalda levanta,  por tus
impulsos cautivada.  Y aún el violento Ares,
a un lado dejando la hiriente punta de sus lanzas,
calienta su corazón en sueño profundo;
y tus dardos embelesan también las almas de los dioses,
gracias a la pericia del hijo de Leto y de las Musas de apretada cintura

Podéis haceros una idea de cómo sonaba en este video 

 

 



[1]    Qué forma es ἐπιστάμενος,  

[2]    Participio de perfecto pasivo como  κεκλιμένος

[3]    Forma contracta del comparativo en ac. sg

   
© IES. Colonial